miércoles, 18 de junio de 2014

Mijail Botwinik, una vida de blancas y negras suertes

Mijail Botwinik, 
una vida de blancas y negras suertes.

Max Euwe derrotó a Alekine, pero este había asegurado revancha en contrato previo. Era una época en que el título de campeón era propiedad privada. El mismo Capa, antes de enfrentar a Alekine, había guardado esa carta, pero éste jamás accedió a concederla. Euwe era un caballero y jamás se rebajaría a negarla. Alekine recuperó su corona y con ella murió, según vimos. Por entonces Rusia se volvía bolchevique. En todo el orbe se instauraban regímenes de terror en los cuales los opositores eran deportados o aislados y boicoteados.

En esos opacos días destelló Mijail Botwinik, joven genio que, a los dos años de haber aprendido las reglas de juego, derrotó al campeón del mundo en una simultánea. Mijail era de origen acomodado, estudió electrotécnica y el ajedrez fue una obsesión. Ascendió tan rápido que, cuando su estado le dejó salir al mundo, pudo vencer a los mejores. Flohr, Lilhiental, Capablanca, pronto debieron tratarlo como igual, cuando no desde atrás en la tabla de posiciones de cada torneo.

Botwinik nos enseñó el poder de la voluntad. Se planteó ser el mejor. Nada lo detuvo. La segunda guerra favoreció sus planes. No fue trasladado al frente; el futuro campeón trabajaba de día y estudiaba de noche, mientras el resto de maestros padecía, alejados de los trebejos. Cuando llegó la paz y con ella los torneos, Botwinik estaba preparado. Arrasó con sus rivales. No sin dejar de boicotear a los más peligrosos, tal su veto a nuestro Miguel Najdorf, prodigio polaco que luego vivió y murió en Buenos Aires.

Con Botwinik campeón se instaura el rigor lógico, nada debe quedar librado al azar, todo es preconcebido y analizado hasta el hartazgo, el ajedrez debe ser un planteo racional, cuyos caminos serán señalados por preceptos fríos y pesados como témpanos. El nuevo campeón odia los finales artísticos, niega las partidas rápidas, aborrece de todo lo que no sea una partida de más de 20 jugadas, 4 horas de reflexión mediante.

Botwinik manda, quien se opone a su voluntad es censurado, no participará de los clasificatorios, no viajará al exterior; el poder lo alza como bandera, y eso es todo. Me recuerda a ese papanatas que en los 80 dijo, ¡la historia ha muerto! Fukuyama morirá enterrado por ella, como todos.

Muy pronto tuvo Botwinik avisos del devenir, llamados de realidad fuera de su burbuja lógica. Bronstein, Talh, Smislov, le vencieron con holgura alguna vez; más el patriarca volvía de esas pequeñas muertes cada vez más vengativo: Bronstein, censurado; Talh, defenestrado porque amaba beber, fumar y jugar partidas rápidas hasta el amanecer. ¿Esos fueron pecados? ¿O acaso el haber vencido a la gran estrella soviética?

Nadie crea que esto solo ocurrió en Rusia, los EEUU obligaron a Lombardy a ceder su título al botarate Fisher, en el torneo llevaría ante Spasky. Mas no nos apresuremos y cerremos la nota.

Botwinik superó ampliamente a sus rivales sobre el tablero. Sus convicciones fueron las del hielo, dije, y por ello cayó cada vez que un fogoso lo acuciara. Cuando se retiró se dedicó a la enseñanza y la generación de programas ajedrecísticos; educó a tres campeones: Karpov, Kasparov, Kramnik. Fue autodidacta, monolítico y muy, muy grande. También gozó de los favores del poder. Pero es que toda partida se desarrolla sobre un ajedrezado de blancas y negras suertes. 

lunes, 16 de junio de 2014

Juegos deportivos santafecinos 2014

Juegos deportivos santafecinos, 2014, Departamental Caseros.

Con la participación de cuatro colegios se jugó hoy la instancia departamental de los juegos santafecinos 2014 en el deporte ajedrez.
El nivel de los chicos y chicas fue parejo, no destacó nadie por sobre el resto aunque tuvimos por supuesto nuestros merecidos campeones y campeonas.
Se constituyeron dos equipos, uno escolar y uno comunitario. 
Casilda primó en la participación, sin duda por falta de tesón de las localidades alejadas, porque si algo sé es que todos disfrutan y se entusiasman ante la posibilidad de jugar ajedrez. 
Nunca, en 30 años de docencia, en hallado niños que no se apasionen por esta materia, así como por la astronomía. De hecho, ambas se parecen mucho: un universo de variables, unas leyes ocultas, el placer de conocer el orden tras el aparente caos. 
En contraposición, muchas veces los adultos no promueven esta ciencia, que es un deporte, que es un arte.

Como resumen: una mañana preciosa, soleada, agradable aunque fría, en compañía  de 34 participantes que lucharon sin denuedo por la plaza que los dejará en Rosario, el próximo Agosto.

Siguen las fotos y, de algunas anécdotas jugosas, las próximas notas.











Felicitaciones a Lucas Allois, Martín Vivas, Lucas Caramazana, Bárbara Castelli, Yael Britos y Joaquín Orozco, merecidos campeones.

sábado, 7 de junio de 2014

Ajedrez y Geometría

Ajedrez y Geometría
El espacio en el tablero

El ajedréz figura en la docencia oficial santafecina desde hace unos 18 años, aunque algunos colegios contaron con la materia mediante talleres a contra turno. Sobre su importancia, basta para mí decir que el primer docente en recomendar su aplicación a la escuela fue Simón Rodríguez, quien forjara al prócer más capaz de América, el genial Bolívar.

En lo que sigue se plantea un modo de vincular la Geometría y las nociones sobre el espacio con el Ajedréz. Espero sirva y divierta a docentes y alumnos por igual, tanto como a mí me divirtió desarrollar la clase.

Introducción: El Ajedrez
El ajedrez es un juego singular; originado milenios atrás aún seduce a niños, adolescentes y adultos. Es rico y versátil y se aplica para fijar contenidos, métodos de razonamiento y cuestión, incluso como catalizador de conflictos y tratamiento ante relaciones violentas.
Precisamente, el ajedrez es uno de los juegos más violentos que conozco, ya que, por basar su razón en ataques a los reyes, es una batalla virtual. Mas, en ninguna lucha se vence sin invertir energía y agresividad. Por esto nuestro juego sirve como herramienta mediante la cual el jugador canaliza impulsos violentos.

El ajedrez puede ser practicado sin piezas ni tablero entre personas de experiencia. Los alumnos noveles juegan con un tablero y dos conjuntos de piezas.

El Tablero:
El tablero suele ser un cartón, lienzo o placa, cuadrada, dividida en 64 cuadros iguales, pintados de alterno color. Estos cuadros o casillas están ordenados, de allí que formen columnas, líneas y diagonales.


Las columnas son las casillas ordenadas en vertical; se entiende por vertical a la fila de casillas o cuadros desde un campo al contrario.


Las líneas son las filas de casillas ordenadas en horizontal y corren de un flanco al otro.

 Nota: en ajedrez, no corresponde utilizar la palabra fila, una fila no está definida en su posición espacial sobre el plano, la palabra línea en la literatura ajedrecista sí está definida, es la horizontal.


Las diagonales son las filas de casillas ordenadas en forma oblicua. Son filas de casillas unidas por un vértice. Son las filas compuestas por casillas de un mismo color. Así, es común decir: diagonal blanca (casillas claras) o diagonal negra (casillas oscuras).

El tablero de ajedrez, compuesto por 64 casillas (8 de lado), es entonces una metáfora del plano geométrico euclidiano, delimitado por cuatro lados o rectas.

Nota: la geometría plana, además de ser la más difundida, la muy famosa geometría euclidiana, es solo una entre muchas geometrías posibles.

Dentro del plano-tablero, la casilla es metáfora de punto y las filas llamadas línea, columna o diagonal, metáfora de la recta (todas ellas formadas por puntos-casillas).

Enseñar el movimiento de las piezas sobre el tablero será, así, solo un ejercicio geométrico; el alumno debe haber leído las definiciones de los elementos básicos de la geometría, el punto, la recta y el plano, y luego aplicar estas ideas al movimiento de las piezas*.
Por supuesto, es mucho más fácil que el alumno aprenda primero ajedrez, sin dichos conceptos, y que luego, para enseñar aquellos, se haga uso del juego para su ejemplificación.

Las piezas del juego de ajedrez:
Las piezas representan a los soldados, así como los carros y adláteres de diversa laya.

Nota: Salvo el caballo, las piezas del ajedrez y sus funciones mutaron su función, aspecto y nombre, conforme evolucionaba la sociedad.

Cada pieza representa un momento histórico y su movimiento o función ataque-defensa sobre el tablero es diversa y propia, distinta de las demás.

Para explicar la geometría del espacio con la ayuda del ajedrez basta con conocer el movimiento de una Torre, un Alfil y un Caballo**.

La Torre:
Representa a los carros de ataque de la edad media. Se desplazan por el tablero en forma vertical y horizontal. Pueden moverse a cualquier casilla sita sobre las líneas y columnas que ocupan.

El Alfil: según el país, representa al oficial de rango o al eclesiástico aliado a los reyes. Se desplazan por el tablero por las diagonales. Pueden moverse a cualquier casilla sita sobre la/las diagonal/es en que se encuentra.


El Caballo: es la única pieza que no ha mutado su función y movimiento, representa a los antiguos mensajeros mediante los cuales se notificaban, mandos y ejércitos, las acciones y suertes de la batalla. 
El caballo salta por el tablero. Su salto siempre alcanza la casilla más próxima, NO ubicada sobre las rectas en que se encuentre. 
En algunos libros se representa su movimiento como un paso en vertical u horizontal + un paso diagonal (alejado del origen); en otros, se explica con el silabeo de la palabra caballo + la letra L, de modo tal que, al partir de una casilla cualquiera, mueve dos pasos por la vertical/horizontal y un paso perpendicular a las anteriores. 
Estos últimos ejemplos son más sencillos que el primero pero, por lo mismo, falsos, ya que el caballo salta, no se desplaza. 
En mi experiencia, los niños lo aprenden muy rápido con el silabeo. A alumnos mayores puede explicarse su verdadera naturaleza, mediante ella se ejemplifica el espacio de tres dimensiones***.

Desarrollo del tema ante la clase:
Se explican los conceptos euclídeos sobre el pizarrón, se los deja claros, visibles, denominados. Se presenta el punto, la recta, el plano como delimitado por 4 rectas tal como figura en textos.

Nota: euclídeo significa relativo a Euclides, geómetra, astrónomo, filósofo griego que vivió en Alejandría sobre el 300 AC. Escribió un libro que se hizo famoso, Los Elementos. En él apuntó el saber geométrico anterior y propio, y hoy le atribuimos por entero sus contenidos aunque se basó en libros de otros genios - Eudoxo y otros. La geometría euclídea es total abstracta, hija de las primeras interpretaciones astronómicas. El desarrollo conceptual que propone es muy pobre, porque sus elementos no existen en el mundo real. Sin embargo, hubo que esperar hasta el siglo XIX para que la ciencia pudiera desprenderse de ella, cuando Gauss y otros desarrollaron la geometría hiperbólica, afín al mundo de los sentidos, la que posibilitó la comprensión cabal del espacio astronómico –teoría de la relatividad- y el espacio sub atómico –teoría cuántica-, pilares de la física actual.

Se muestra el tablero de ajedrez, su relación o componentes ficticios basados en dicha geometría.
Explicados los elementos metafóricos punto-casilla, recta-fila y plano-tablero se enseña y ejercita el movimiento de las piezas Torre y Alfil para fijar la relación existente entre los elementos y el paso de las mismas durante el juego (puede sumarse la Dama y el Rey; no conviene presentar el peón, ya veremos el por qué).

Una vez que los elementos geométricos “básicos” hayan sido ejemplificados y comprendidos puede incorporarse a la pieza Caballo y con él, a un nuevo ente geométrico: el volumen.

Al mostrar el salto de caballo se hará hincapié en que esta pieza no se desplaza por el plano, sino que brinca, salta de una casilla a otra sin tocar las intermedias. Es decir, el caballo, a diferencia de las demás, hace uso de una nueva dimensión, una región de un algo desconocido hasta entonces, y que también es llamado espacio; un espacio que sus congéneres ignoran y al cual no acceden: ¡la dimensión altura!

Nota: Así como para un alfil el salto del caballo le es ajeno –pero posible- nosotros, seres de tres dimensiones, vivimos inmersos en una cuarta dimensión que escapa a nuestros sentidos. No por ello, sin embargo, le ignoramos. Albert Einstein le intuyó de forma genial, Minkowsky le dio consistencia geométrica, y decenas de físicos relativistas le indagan cada día. Los GPS que posee cualquier celular o coche hacen uso de esa cuarta dimensión -llamada espaciotiempo- cada instante; de otro modo no serían exactos. Por supuesto, así como el Caballo desaparece de una casilla para caer de la nada sobre otra, un ser de la cuarta dimensión podría viajar por nuestro espacio sin tener que tocar los puntos intermedios sitos entre su punto de partida y destino.

Con solo estas tres piezas y el tablero, se pueden enseñar las nociones de espacio geométrico básicas. Los alumnos, con la excusa de estar jugando, harán uso de los conceptos, fijándolos en su conciencia, aprovechándolos con un objetivo concreto: Ganar una partida. Este objetivo, en apariencia lejano a aprender algo nuevo, es motivador, es ajeno a lo corriente y por tanto sorpresivo.
Sin duda, será un triunfo. El ajedréz jamás falla a la hora de ser usado como herramienta educativa.

Notas:
*La definición de los elementos geométricos no es nada básica, por cierto. El punto, como elemento sin dimensión, es lo más complejo que haya leído. Lo que no tiene dimensión NO EXISTE. ¿Cómo es que construimos el conocimiento geométrico sobre cimientos inexistentes?
**Veremos en próxima nota un ardid que representa el espacio y el tiempo.
*** El término “Espacio” no debiera ser usado como sinónimo de volumen. Existe espacio de 1 dimensión, de 2 dimensiones, de 3 dimensiones, de 4 dimensiones,…, de n dimensiones.

Sergio Galarza
Ajedrez y Astronomía.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Max Euwe

Max Euwe
Campeones de ajedrez- 1935-

Max Euwe nació en Holanda, en 1901. Aprendió ajedrez de sus padres a los 4 años pero hasta los 20 no participó en torneos en forma habitual. Recordemos que entonces muy pocos se dedicaban al ajedrez, actividad asociada a la bohemia.
El campeón holandés, sin embargo, nunca se dedicó por entero a nuestro deporte, como sí lo hiciera su rival mayor. Se licenció en matemáticas y filosofía y toda su vida vivió de la docencia en un colegio privado para señoritas. Es por ello que Max Euwe es considerado el único aficionado que llegó a campeón mundial.
Cuando derrotó a Alekine (fue único en lograrlo en un match por el título; perdió al ofrecer la revancha), fue una sorpresa para el ambiente pues se pensaba que su juego no era lo suficiente fuerte, pero este gran teórico de aperturas tuvo su mayor capacidad en saber modificar el carácter de una lucha en forma abrupta.
Las batallas se clasifican en posicionales, tácticas, cerradas, abiertas… Es común que el ánimo del jugador se acomode y ponga la mente en empatía con cada estilo. Modificar dicha relación, cuando la posición troca, no siempre es fácil; uno queda prendado del ritmo anterior sin poder asimilar el cambio. Por supuesto, es un error jugar una posición táctica con el ánimo propio de largas maniobras, y viceversa. La capacidad mental es la misma, pero no la exigencia que se soporta. Como ejemplo diré que rara vez un alumno puede contestar con acierto cuando el profesor le urge, y que sí puede hacerlo cuando charla distendido con un amigo o un familiar. La limitación no yace en sus conocimientos, sino en la tensión que sufre.

Euwe se talló una fama por su caballerosidad y buen trato; jamás ocasionó una disputa y bien que pudo hacerlo. Era alérgico a los gatos y durante sus match por el título, Alekine se presentaba con uno de esos bichos a las partidas, solo para molestarle. Su carácter de intelectual le permitió escribir el mayor número de libros que ningún campeón diera a las prensas. Ejerció asimismo la presidencia de la FIDE, entidad que nos nuclea. Fue el suyo el periodo más sano, mas transparente de su historia como gestora de los intereses de Caissa. Y eso que debió sortear las extravagancias de un energúmeno como Bobby Fischer, y una olimpíada en la beligerante Israel.

Al respecto del match revancha, durante el cual perdió el título ante el mismo Alekine, un gran jugador aseguró que el holandés no poseía todos los méritos –ni los defectos- como para mantenerse campeón.
Max Euwe era un profesor de señoritas acomodadas y licenciado en filosofía. Culto, educado, un caballero para con los rivales (cosa extraña en este ambiente). ¡Era demasiado inteligente como para ser un genio!

Max fue un ave de paso por el ajedrez –como todos los demás- que, sin querer hacer su nido en las alturas planeó sobre las cimas de la gloria.

Garry



lunes, 21 de abril de 2014

Aliojin : Yo solo

Aliojin, yo solo.

José Capablanca brilló como campeón ajedrecista de todos los tiempos, ganó torneos por diferencia abultada sobre el segundo clasificado y resolvió siempre sus partidas con la simplicidad con que un fuerte aficionado vence a un niño que apenas sepa las reglas. Su fuerte fue la comprensión y la intuición sobre las posiciones. Como dijo Nietzsche, fue su mayor virtud porque era su mayor defecto. Convencido de sus capacidades, el cubano no se preparó para defender la corona frente a Alexander Alekine, fortísimo maestro autodidacta que, emigrado a Francia desde su Rusia natal, tuvo por único fin en la vida derrotar al campeón cubano.
Cuando un hombre se propone algo con toda su alma; cuando tiene recursos de formación o, en su defecto, materiales; cuando no conoce otro valor humano que el del triunfo, no es raro que consiga sus propósitos.
Alejandro Alejandróvich Alekine fue hijo de un terrateniente y de una madre alcohólica. Cuando la revolución bolchevique tomó las riendas del país, Alejandro, quién se había recibido de abogado y ya era un fuerte jugador, sufrió denuncias que lo privaron de seguir compitiendo, de modo que junto a su segunda esposa emigró a Francia, para continuar su preparación con miras a competir por el título. Como detalle de su perspicacia, va esta anécdota: Alekine charla con un jugador, y dice:
Me estoy preparando para disputar el título a Capablanca; a lo que el interlocutor responde:
¡Pero… si el campeón es Lasker!
Sí –dice-, pero pronto Capablanca lo retará y le vencerá.

En efecto, esto sucedió pocos años después, como vimos en nota pasada.
Alejandro Alekine se forjó como el primer campeón completo, dominó todos los aspectos del juego: aperturas, medio juego, finales. Su voluntad de hierro, su determinación, lo convirtieron en un ser repudiado por sus iguales (¿tuvo iguales?) e invencible en el juego. El apellido Alekine puede pronunciarse Aliojín, y una fonética similar se utiliza para decir YO SOLO. De modo que este fue su mote, Aliojín, yo-solo, tal su egoísmo y desapego para con los compañeros y demás partícipes de su vida.
Por supuesto, un hombre sin valores siempre goza del favor de los gobiernos antidemocráticos. Alekine logró que el gobierno argentino de 1927 le pagara la bolsa necesaria para desafiar al gran Capa. El cubano se la pasó de juergas y cuando quiso darse cuenta, Alekine, quien se había preparado con minucia, era el nuevo campeón.
Oscar Wilde, dijo: cuidado con lo que deseas, puede que se conceda.  Cuando un hombre se plantea un objetivo, y en su busca le va la vida, es lógico que al conseguir este se le agote aquella.
Alekine logró el campeonato para el que se había preparado toda su vida y ya nada tuvo sentido para él. Se dio a la bebida y, desatada la segunda guerra, trabajó para los nazis como escriba antisemita, brindó simultáneas y otras exhibiciones. Vivó en la Francia ocupada por el Reich algunos años y cuando la guerra agonizaba emigró a la España franquista, y de allí a Portugal, únicos países del mundo que le brindaron apoyo suficiente para que pudiera emborracharse.
Pocos días antes del final, Mijail Botvinnik –nuestro próximo personaje- le escribió invitándole a un match, pero el buen Alekine tuvo el tino de atragantarse con un trozo de carne. Lo encontraron tumbado sobre un tablero de ajedrez, en una pieza miserable de un hotelucho portugués. Acaso esta estampa se acomode a lo que fue en realidad, y no a lo que el mundo ajedrecista recuerda de él: que fue un grande del tablero.


Garry                                                                                               

domingo, 23 de febrero de 2014

Capa, el Rey latino.

Capa, el Rey latino.

José Raúl Capablanca nació en Cuba en el siglo XIX. Era hijo de un capitán de ejército que en las horas de modorra jugaba al ajedrez con subalternos. A los 4 años, solía pispiar esas luchas en silencio. Una tarde, cuando su padre acababa de vencer a un soldado, dijo: Papá, hiciste trampa. Festejaron la ocurrencia del párvulo pero el insistió: Papá, saltaste mal con un caballo. El capitán hizo silencio y pidió a su hijo que se explique. Ante el asombro de la concurrencia, José Raúl, a los cuatro años de su edad, reprodujo entera la partida que había observado y mostró la jugada que, en efecto, se había realizado en contra del reglamento. No solo poseía criterio, había aprendido las reglas del ajedrez mirando. Desde ese día todos se turnaron para jugar con el niño que, a los 13 años, logró el título de maestro al vencer al campeón cubano Julio Corzo. En su adolescencia se trasladó a los EEUU para estudiar, mas pronto abandonó todo por el ajedrez que lo coronaría campeón mundial en su propia Cuba, al derrotar sin perder partida a nuestro ya conocido Emanuel Lasker.

Capablanca era hombre alto, su porte impresionaba y seducía a hombres y mujeres por igual. Cierta vez, un Rey que quería conocerle, dijo: ¿Dónde está Capablanca? Le contestaron: Cuando él ingrese al salón, nadie deberá indicárselo. En efecto, poco después varios hombres entraron a la sala conversando, uno distinguía por su prestancia, modales, y la mirada penetrante de sus ojos pardos. Es fama que las señoritas –y las señoras- se le ofrecían tanto como las flores y la champaña después de cada nuevo triunfo.

Del arte Capablanquino se dijo que, si el estilo Lasker era como un vaso de agua con una gota de veneno, su estilo era cual ese mismo vaso, pero sin la gota de veneno. Lo anterior en alusión a que sus triunfos fueron transparentes y sin embrago inevitables. Es que Capablanca poseía una concepción profunda del juego, acaso por haberlo aprendido de tan niño. El ajedrez es su lengua natal, dijo un gran maestro, por describirle. Cuando se refería a una posición jamás recurría a variantes, sino a palabras como columna, casilla, espacio; eso era todo, conceptos generales por sobre lo particular.


Una vez dejó en suspenso una partida; el rival dijo a todos que había analizado en extenso y que el resultado sería su propio triunfo. La afición esperaba al campeón quien llegó quince minutos tarde. Ante la sorpresa de todos -su reloj corría- pidió un juego y se alejó a analizar la posición que lo aguardaba. Al cabo de media hora volvió y en 15 jugadas su posición “perdida” ya era tablas.

Capa viajó por todo el mundo brindando conferencias y sesiones de juego simultáneo. Allí donde llegaba era ovacionado por los aficionados. Su trato siempre gentil le abría más puertas que su título y no hay foto donde no aparezca sonriente, por lo general acompañado de varias damas. Su última esposa, Olga Chegodaeva, fue la mujer más hermosa y deseada de su época.

Durante su reinado solo perdió 6 partidas, lo cual es increíble. En los torneos de entonces, vencía a sus compañeros como si estos fueran aprendices. Una vez, en Rusia, el temible Stalin le observaba escondido. Al término de la partida, ordenó que los presentaran y preguntó a Capa, ¿Qué le parece el torneo? A lo cual nuestro amigo contestó: ¡Un desastre, todos Sus compatriotas pierden a propósito con Botwinik, para favorecerle! –Botwinik fue otro campeón, ya lo veremos-. Todos quedaron suspensos -Stalin no era hombre al que se le podía contrariar-, sin embargo, sonriendo, contestó: Quédese tranquilo, no volverá a suceder.
José Raúl Capablanca nos dejó el orgullo de ser el primer campeón americano y el único de habla hispana. Por inteligencia, estampa y modos, allí donde ponía un pie alguien le admiraba, le quería y lo mimaba. 
Acaso celosa de tantos dones, la Muerte le llevó muy pronto. Capa sufría de presión arterial y los médicos no supieron advertirlo aun cuando hubo frecuentes avisos y jaquecas. Capa sufrió un derrame durante una competencia y falleció.
Los argentinos nunca le olvidaremos. En Buenos Aires jugó torneos y simultáneas. Aquí perdió su título frente a Alekine. Pero fue que aquí donde pasó los dos meses que duró el match de jarana, del cabaret al hipódromo, de paseo en la voiture de una bailarina del Maipo.

Así que, Querido Capa, Rey latino ¿Quién te quita lo jugado?

viernes, 7 de febrero de 2014

Lasker, Einstein y la Mentira.

        Lasker, Einstein y la Mentira.

Matemáticos y Físicos como Dirac o Einstein han visto universos que, cien años después, no entendemos. Narra la película Amadeus que Mozart escribía de un tirón sus sinfonías perfectas y así compuso Astor Piazzola su inigualable Adiós Nonino: “Cuando murió el Nonino, Papá se encerró en la pieza, estuvo un rato en silencio y empezó a tocar esa música que despide al abuelo”, cuenta su hijo.
Hasta donde sé, solo en las áreas creativas se llega a niveles de inteligencia tan altos como los de un ajedrecista de elite: Vasili Smislov fue excelso concertista de piano; Robert Fisher recordaba cada una de las partidas que había jugado y, en lo actual, Garry Kasparov es uno de las diez inteligencias del mundo.
Pareciera que, si los matemáticos crean los números y sus combinaciones, si los físicos dan coherencia a las manifestaciones de la energía y la materia, si los músicos iluminan con el ritmo la nada, los ajedrecistas, con el número y el cálculo, materializan su energía en esos fraseos de belleza y de pasión que llamamos “partidas”.

Emmanuel Lasker nació en una ciudad de Prusia; hablaba el alemán y el hebreo ya que su padre fue rabino. Muy joven demostró maestría con los números, por lo cual le enviaron junto a un hermano mayor, para que estudiara. Durante una convalecencia debida al sarampión aprendió de éste nuestro querido juego. En pleno siglo XIX, el ajedréz acechaba los círculos cultos europeos. Pronto el niño estudioso frecuentó los cafés en busca de batalla y dinero, tablero de por medio. A los 20 años logró el título de maestro en segunda categoría y tan solo a los 26 llegó a sentarse frente al viejo león, el primer campeón, Wilhelm Steinitz. El match fue vibrante pues se enfrentaron dos estilos y dos mentes superlativas. Cuando Steinitz perdió la última de las partidas, y con ella el título mundial, se alzó de la mesa y exclamó: ¡Tres vivas por el nuevo campeón del mundo!
Emmanuel Lasker, como todo Único, instauró un modo de jugar. Durante 20 años fue invencible y su secreto (su evidente secreto, pues su estilo fue definido como Una copa de agua con una gota de veneno) fue la observación de la psicología rival. Lasker jugó muchas líneas inferiores, reputadas como malas, incluso, cuando creyó que con ellas podía incomodar a su oponente. Así, muchas veces caminó por una cornisa, pero su maestría le permitió siempre salir airoso y alzarse con los triunfos.
Retuvo su corona durante más años que ningún otro campeón; no solo en el ajedréz. Lasker, por haber visto a Steinitz morir en la pobreza, jamás descuidó sus estudios. Llegó a ser un gran matemático, un consumado filósofo y un escritor numeroso. Sus libros de ajedréz son valorados incluso ahora y los escritos filosóficos y matemáticos fueron ensalzados por hombres como Albert Einstein. El entonces creador de la Relatividad admiraba al campeón y no perdía oportunidad de salir a caminar con él, momentos en los cuales discutían infinidad de temas, humanos y extrahumanos, como la que fuera su renombrada teoría.
Emmanuel sostenía que en ajedréz siempre se desenmascara al hipócrita y al mentiroso, pues cada falsedad propuesta podía ser descubierta sobre el tablero y pronto llegaba el castigo como escarmiento: ¡el jaque mate!