Juegos deportivos santafecinos, 2014, Departamental Caseros.
Con la participación de cuatro colegios se jugó hoy la instancia departamental de los juegos santafecinos 2014 en el deporte ajedrez.
El nivel de los chicos y chicas fue parejo, no destacó nadie por sobre el resto aunque tuvimos por supuesto nuestros merecidos campeones y campeonas.
Se constituyeron dos equipos, uno escolar y uno comunitario.
Casilda primó en la participación, sin duda por falta de tesón de las localidades alejadas, porque si algo sé es que todos disfrutan y se entusiasman ante la posibilidad de jugar ajedrez.
Nunca, en 30 años de docencia, en hallado niños que no se apasionen por esta materia, así como por la astronomía. De hecho, ambas se parecen mucho: un universo de variables, unas leyes ocultas, el placer de conocer el orden tras el aparente caos.
En contraposición, muchas veces los adultos no promueven esta ciencia, que es un deporte, que es un arte.
Como resumen: una mañana preciosa, soleada, agradable aunque fría, en compañía de 34 participantes que lucharon sin denuedo por la plaza que los dejará en Rosario, el próximo Agosto.
Siguen las fotos y, de algunas anécdotas jugosas, las próximas notas.
Felicitaciones a Lucas Allois, Martín Vivas, Lucas Caramazana, Bárbara Castelli, Yael Britos y Joaquín Orozco, merecidos campeones.
lunes, 16 de junio de 2014
sábado, 7 de junio de 2014
Ajedrez y Geometría
Ajedrez
y Geometría
El
espacio en el tablero
El ajedréz figura en la docencia oficial santafecina
desde hace unos 18 años, aunque algunos colegios contaron con la materia
mediante talleres a contra turno. Sobre su importancia, basta para mí decir que
el primer docente en recomendar su aplicación a la escuela fue Simón Rodríguez,
quien forjara al prócer más capaz de América, el genial Bolívar.
En lo que sigue se plantea un modo de vincular la Geometría y las nociones
sobre el espacio con el Ajedréz. Espero sirva y divierta a docentes y alumnos
por igual, tanto como a mí me divirtió desarrollar la clase.
Introducción:
El Ajedrez
El ajedrez es un juego singular; originado milenios
atrás aún seduce a niños, adolescentes y adultos. Es rico y versátil y se aplica
para fijar contenidos, métodos de razonamiento y cuestión, incluso como
catalizador de conflictos y tratamiento ante relaciones violentas.
Precisamente, el ajedrez es uno de los juegos más
violentos que conozco, ya que, por basar su razón en ataques a los reyes, es
una batalla virtual. Mas, en ninguna lucha se vence sin invertir energía y
agresividad. Por esto nuestro juego sirve como herramienta mediante la cual el
jugador canaliza impulsos violentos.
El ajedrez puede ser practicado sin piezas ni tablero entre
personas de experiencia. Los alumnos noveles juegan con un tablero y dos
conjuntos de piezas.
El Tablero:
El tablero suele ser un cartón, lienzo o placa,
cuadrada, dividida en 64 cuadros iguales, pintados de alterno color. Estos
cuadros o casillas están ordenados, de allí que formen columnas, líneas y
diagonales.
Las columnas son las casillas ordenadas en vertical;
se entiende por vertical a la fila de casillas o cuadros desde un campo al
contrario.
Las líneas son las filas de casillas ordenadas en
horizontal y corren de un flanco al otro.
Nota: en
ajedrez, no corresponde utilizar la palabra fila, una fila no está
definida en su posición espacial sobre el plano, la palabra línea
en la literatura ajedrecista sí está definida, es la horizontal.
Las diagonales son las filas de casillas ordenadas en
forma oblicua. Son filas de casillas unidas por un vértice. Son las filas
compuestas por casillas de un mismo color. Así, es común decir: diagonal blanca
(casillas claras) o diagonal negra (casillas oscuras).
El tablero de ajedrez, compuesto por 64 casillas (8 de
lado), es entonces una metáfora del plano geométrico euclidiano, delimitado por
cuatro lados o rectas.
Nota: la geometría plana, además de ser la más
difundida, la muy famosa geometría euclidiana, es solo una entre muchas
geometrías posibles.
Dentro del plano-tablero, la casilla es metáfora de
punto y las filas llamadas línea, columna o diagonal, metáfora de la recta
(todas ellas formadas por puntos-casillas).
Enseñar el movimiento de las piezas sobre el tablero será,
así, solo un ejercicio geométrico; el alumno debe haber leído las definiciones
de los elementos básicos de la geometría, el punto, la recta y el plano, y luego
aplicar estas ideas al movimiento de las piezas*.
Por supuesto, es mucho más fácil que el alumno aprenda
primero ajedrez, sin dichos conceptos, y que luego, para enseñar aquellos, se
haga uso del juego para su ejemplificación.
Las piezas
del juego de ajedrez:
Las piezas representan a los soldados, así como los carros
y adláteres de diversa laya.
Nota: Salvo el caballo, las piezas del ajedrez y sus
funciones mutaron su función, aspecto y nombre, conforme evolucionaba la
sociedad.
Cada pieza representa un momento histórico y su
movimiento o función ataque-defensa sobre el tablero es diversa y propia,
distinta de las demás.
Para
explicar la geometría del espacio con la ayuda del ajedrez basta con conocer el
movimiento de una Torre, un Alfil y un Caballo**.
Representa a los carros de ataque de la edad media. Se
desplazan por el tablero en forma vertical y horizontal. Pueden moverse a
cualquier casilla sita sobre las líneas y columnas que ocupan.
El Alfil: según el país, representa al oficial de
rango o al eclesiástico aliado a los reyes. Se desplazan por el tablero por las
diagonales. Pueden moverse a cualquier casilla sita sobre la/las diagonal/es en
que se encuentra.
El Caballo: es la única pieza que no ha mutado su
función y movimiento, representa a los antiguos mensajeros mediante los cuales se
notificaban, mandos y ejércitos, las acciones y suertes de la batalla.
El caballo salta por el tablero. Su salto siempre alcanza la casilla más próxima, NO ubicada sobre las rectas en que se encuentre.
En algunos libros se representa su movimiento como un paso en vertical u horizontal + un paso diagonal (alejado del origen); en otros, se explica con el silabeo de la palabra caballo + la letra L, de modo tal que, al partir de una casilla cualquiera, mueve dos pasos por la vertical/horizontal y un paso perpendicular a las anteriores.
Estos últimos ejemplos son más sencillos que el primero pero, por lo mismo, falsos, ya que el caballo salta, no se desplaza.
En mi experiencia, los niños lo aprenden muy rápido con el silabeo. A alumnos mayores puede explicarse su verdadera naturaleza, mediante ella se ejemplifica el espacio de tres dimensiones***.
El caballo salta por el tablero. Su salto siempre alcanza la casilla más próxima, NO ubicada sobre las rectas en que se encuentre.
En algunos libros se representa su movimiento como un paso en vertical u horizontal + un paso diagonal (alejado del origen); en otros, se explica con el silabeo de la palabra caballo + la letra L, de modo tal que, al partir de una casilla cualquiera, mueve dos pasos por la vertical/horizontal y un paso perpendicular a las anteriores.
Estos últimos ejemplos son más sencillos que el primero pero, por lo mismo, falsos, ya que el caballo salta, no se desplaza.
En mi experiencia, los niños lo aprenden muy rápido con el silabeo. A alumnos mayores puede explicarse su verdadera naturaleza, mediante ella se ejemplifica el espacio de tres dimensiones***.
Desarrollo
del tema ante la clase:
Se explican los conceptos euclídeos sobre el pizarrón,
se los deja claros, visibles, denominados. Se presenta el punto, la recta, el
plano como delimitado por 4 rectas tal como figura en textos.
Nota: euclídeo significa relativo a Euclides,
geómetra, astrónomo, filósofo griego que vivió en Alejandría sobre el 300 AC . Escribió un libro
que se hizo famoso, Los Elementos. En él apuntó el saber geométrico anterior y
propio, y hoy le atribuimos por entero sus contenidos aunque se basó en libros
de otros genios - Eudoxo y otros. La geometría euclídea es total abstracta,
hija de las primeras interpretaciones astronómicas. El desarrollo conceptual
que propone es muy pobre, porque sus elementos no existen en el mundo real. Sin
embargo, hubo que esperar hasta el siglo XIX para que la ciencia pudiera
desprenderse de ella, cuando Gauss y otros desarrollaron la geometría
hiperbólica, afín al mundo de los sentidos, la que posibilitó la comprensión
cabal del espacio astronómico –teoría de la relatividad- y el espacio sub
atómico –teoría cuántica-, pilares de la física actual.
Se muestra el tablero de ajedrez, su relación o
componentes ficticios basados en dicha geometría.
Explicados los elementos metafóricos punto-casilla,
recta-fila y plano-tablero se enseña y ejercita el movimiento de las piezas
Torre y Alfil para fijar la relación existente entre los elementos y el paso de
las mismas durante el juego (puede sumarse la Dama y el Rey; no conviene presentar el peón, ya
veremos el por qué).
Una vez que los elementos geométricos “básicos” hayan
sido ejemplificados y comprendidos puede incorporarse a la pieza Caballo y con
él, a un nuevo ente geométrico: el volumen.
Al mostrar el salto de caballo se hará hincapié en que
esta pieza no se desplaza por el plano,
sino que brinca, salta de una casilla a
otra sin tocar las intermedias. Es decir, el caballo, a diferencia de las
demás, hace uso de una nueva dimensión, una región de un algo desconocido hasta
entonces, y que también es llamado espacio; un espacio que sus congéneres
ignoran y al cual no acceden: ¡la
dimensión altura!
Nota: Así como para un alfil el salto del caballo le
es ajeno –pero posible- nosotros, seres de tres dimensiones, vivimos inmersos
en una cuarta dimensión que escapa a nuestros sentidos. No por ello, sin
embargo, le ignoramos. Albert Einstein le intuyó de forma genial, Minkowsky le
dio consistencia geométrica, y decenas de físicos relativistas le indagan cada
día. Los GPS que posee cualquier celular o coche hacen uso de esa cuarta
dimensión -llamada espaciotiempo- cada instante; de otro modo no serían
exactos. Por supuesto, así como el Caballo desaparece de una casilla para caer
de la nada sobre otra, un ser de la cuarta dimensión podría viajar
por nuestro espacio sin tener que tocar los puntos intermedios sitos
entre su punto de partida y destino.
Con solo estas tres piezas y el tablero, se pueden
enseñar las nociones de espacio geométrico básicas. Los alumnos, con la excusa
de estar jugando, harán uso de los conceptos, fijándolos en su conciencia,
aprovechándolos con un objetivo concreto: Ganar una partida. Este objetivo, en
apariencia lejano a aprender algo nuevo, es motivador, es ajeno a lo corriente
y por tanto sorpresivo.
Sin duda, será un triunfo. El ajedréz jamás falla a la
hora de ser usado como herramienta educativa.
Notas:
*La definición de los elementos geométricos no es nada
básica,
por cierto. El punto, como elemento sin dimensión, es lo más complejo que
haya leído. Lo que no tiene dimensión NO EXISTE. ¿Cómo es que construimos el
conocimiento geométrico sobre cimientos inexistentes?
**Veremos en próxima nota un ardid que representa el
espacio y el tiempo.
*** El término “Espacio” no debiera ser usado como
sinónimo de volumen. Existe espacio
de 1 dimensión, de 2 dimensiones, de 3 dimensiones, de 4 dimensiones,…, de n dimensiones.
Sergio
Galarza
Ajedrez
y Astronomía.
miércoles, 21 de mayo de 2014
Max Euwe
Max
Euwe
Campeones de ajedrez- 1935-
Max Euwe nació en Holanda, en 1901. Aprendió ajedrez
de sus padres a los 4 años pero hasta los 20 no participó en torneos en forma
habitual. Recordemos que entonces muy pocos se dedicaban al ajedrez, actividad
asociada a la bohemia.
El campeón holandés, sin embargo, nunca se dedicó por
entero a nuestro deporte, como sí lo hiciera su rival mayor. Se licenció en
matemáticas y filosofía y toda su vida vivió de la docencia en un colegio
privado para señoritas. Es por ello que Max Euwe es considerado el único aficionado
que llegó a campeón mundial.
Cuando derrotó a Alekine (fue único en lograrlo en un
match por el título; perdió al ofrecer la revancha), fue una sorpresa para el
ambiente pues se pensaba que su juego no era lo suficiente fuerte, pero este
gran teórico de aperturas tuvo su mayor capacidad en saber modificar el
carácter de una lucha en forma abrupta.
Las batallas se clasifican en posicionales, tácticas,
cerradas, abiertas… Es común que el ánimo del jugador se acomode y ponga la
mente en empatía con cada estilo. Modificar dicha relación, cuando la posición
troca, no siempre es fácil; uno queda prendado del ritmo anterior sin poder
asimilar el cambio. Por supuesto, es un error jugar una posición táctica con el
ánimo propio de largas maniobras, y viceversa. La capacidad mental es la misma,
pero no la exigencia que se soporta. Como ejemplo diré que rara vez un alumno
puede contestar con acierto cuando el profesor le urge, y que sí puede hacerlo
cuando charla distendido con un amigo o un familiar. La limitación no yace en
sus conocimientos, sino en la tensión que sufre.
Euwe se talló una fama por su caballerosidad y buen
trato; jamás ocasionó una disputa y bien que pudo hacerlo. Era alérgico a los
gatos y durante sus match por el título, Alekine se presentaba con uno de esos
bichos a las partidas, solo para molestarle. Su carácter de intelectual le permitió
escribir el mayor número de libros que ningún campeón diera a las prensas. Ejerció
asimismo la presidencia de la
FIDE , entidad que nos nuclea. Fue el suyo el periodo más
sano, mas transparente de su historia como gestora de los intereses de Caissa.
Y eso que debió sortear las extravagancias de un energúmeno como Bobby Fischer,
y una olimpíada en la beligerante Israel.
Al respecto del match revancha, durante el cual perdió
el título ante el mismo Alekine, un gran jugador aseguró que el holandés no
poseía todos los méritos –ni los defectos- como para mantenerse campeón.
Max Euwe era un profesor de señoritas acomodadas y
licenciado en filosofía. Culto, educado, un caballero para con los rivales
(cosa extraña en este ambiente). ¡Era demasiado inteligente como para ser un
genio!
Max fue un ave de paso por el ajedrez –como todos los
demás- que, sin querer hacer su nido en las alturas planeó sobre las cimas de
la gloria.
Garry
lunes, 21 de abril de 2014
Aliojin : Yo solo
Aliojin,
yo solo.
José Capablanca brilló como campeón ajedrecista de
todos los tiempos, ganó torneos por diferencia abultada sobre el segundo
clasificado y resolvió siempre sus partidas con la simplicidad con que un
fuerte aficionado vence a un niño que apenas sepa las reglas. Su fuerte fue la
comprensión y la intuición sobre las posiciones. Como dijo Nietzsche, fue su
mayor virtud porque era su mayor defecto. Convencido de sus capacidades, el
cubano no se preparó para defender la corona frente a Alexander Alekine,
fortísimo maestro autodidacta que, emigrado a Francia desde su Rusia natal,
tuvo por único fin en la vida derrotar al campeón cubano.
Cuando un hombre se propone algo con toda su alma;
cuando tiene recursos de formación o, en su defecto, materiales; cuando no
conoce otro valor humano que el del triunfo, no es raro que consiga sus
propósitos.
Alejandro Alejandróvich Alekine fue hijo de un terrateniente
y de una madre alcohólica. Cuando la revolución bolchevique tomó las riendas
del país, Alejandro, quién se había recibido de abogado y ya era un fuerte
jugador, sufrió denuncias que lo privaron de seguir compitiendo, de modo que
junto a su segunda esposa emigró a Francia, para continuar su preparación con
miras a competir por el título. Como detalle de su perspicacia, va esta anécdota:
Alekine charla con un jugador, y dice:
Me estoy preparando para disputar el título a Capablanca;
a lo que el interlocutor responde:
¡Pero… si el campeón es Lasker!
Sí –dice-, pero pronto Capablanca lo retará y le vencerá.
En efecto, esto sucedió pocos años después, como vimos
en nota pasada.
Alejandro Alekine se forjó como el primer campeón
completo, dominó todos los aspectos del juego: aperturas, medio juego, finales.
Su voluntad de hierro, su determinación, lo convirtieron en un ser repudiado
por sus iguales (¿tuvo iguales?) e invencible en el juego. El apellido Alekine
puede pronunciarse Aliojín, y una fonética similar se utiliza para decir YO
SOLO. De modo que este fue su mote, Aliojín, yo-solo, tal su egoísmo y desapego
para con los compañeros y demás partícipes de su vida.
Por supuesto, un hombre sin valores siempre goza del
favor de los gobiernos antidemocráticos. Alekine logró que el gobierno
argentino de 1927 le pagara la bolsa necesaria para desafiar al gran Capa. El
cubano se la pasó de juergas y cuando quiso darse cuenta, Alekine, quien se
había preparado con minucia, era el nuevo campeón.
Oscar Wilde, dijo: cuidado con lo que deseas, puede
que se conceda. Cuando un hombre se
plantea un objetivo, y en su busca le va la vida, es lógico que al conseguir
este se le agote aquella.
Alekine logró el campeonato para el que se había
preparado toda su vida y ya nada tuvo sentido para él. Se dio a la bebida y,
desatada la segunda guerra, trabajó para los nazis como escriba antisemita, brindó
simultáneas y otras exhibiciones. Vivó en la Francia ocupada por el Reich algunos años y
cuando la guerra agonizaba emigró a la España franquista, y de allí a Portugal, únicos
países del mundo que le brindaron apoyo suficiente para que pudiera
emborracharse.
Pocos días antes del final, Mijail Botvinnik –nuestro
próximo personaje- le escribió invitándole a un match, pero el buen Alekine
tuvo el tino de atragantarse con un trozo de carne. Lo encontraron tumbado
sobre un tablero de ajedrez, en una pieza miserable de un hotelucho portugués.
Acaso esta estampa se acomode a lo que fue en realidad, y no a lo que el mundo
ajedrecista recuerda de él: que fue un grande del tablero.
Garry
domingo, 23 de febrero de 2014
Capa, el Rey latino.
Capa,
el Rey latino.
José
Raúl Capablanca nació en Cuba en el siglo XIX. Era hijo de un capitán de
ejército que en las horas de modorra jugaba al ajedrez con subalternos. A los 4
años, solía pispiar esas luchas en silencio. Una tarde, cuando su padre acababa
de vencer a un soldado, dijo: Papá, hiciste trampa. Festejaron la ocurrencia
del párvulo pero el insistió: Papá, saltaste mal con un caballo. El capitán
hizo silencio y pidió a su hijo que se explique. Ante el asombro de la
concurrencia, José Raúl, a los cuatro años de su edad, reprodujo entera la
partida que había observado y mostró la jugada que, en efecto, se había realizado
en contra del reglamento. No solo poseía criterio, había aprendido las reglas
del ajedrez mirando. Desde ese día todos se turnaron para jugar con el niño que,
a los 13 años, logró el título de maestro al vencer al campeón cubano Julio
Corzo. En su adolescencia se trasladó a los EEUU para estudiar, mas pronto
abandonó todo por el ajedrez que lo coronaría campeón mundial en su propia
Cuba, al derrotar sin perder partida a nuestro ya conocido Emanuel Lasker.
Capablanca
era hombre alto, su porte impresionaba y seducía a hombres y mujeres por igual.
Cierta vez, un Rey que quería conocerle, dijo: ¿Dónde está Capablanca? Le
contestaron: Cuando él ingrese al salón, nadie deberá indicárselo. En efecto,
poco después varios hombres entraron a la sala conversando, uno distinguía por su
prestancia, modales, y la mirada penetrante de sus ojos pardos. Es fama que las
señoritas –y las señoras- se le ofrecían tanto como las flores y la champaña
después de cada nuevo triunfo.
Del
arte Capablanquino se dijo que, si el estilo Lasker era como un vaso de agua
con una gota de veneno, su estilo era cual ese mismo vaso, pero sin la gota de
veneno. Lo anterior en alusión a que sus triunfos fueron transparentes y sin
embrago inevitables. Es que Capablanca poseía una concepción profunda del
juego, acaso por haberlo aprendido de tan niño. El ajedrez es su lengua natal,
dijo un gran maestro, por describirle. Cuando se refería a una posición jamás
recurría a variantes, sino a palabras como columna, casilla, espacio; eso era
todo, conceptos generales por sobre lo particular.
Una
vez dejó en suspenso una partida; el rival dijo a todos que había analizado en
extenso y que el resultado sería su propio triunfo. La afición esperaba al
campeón quien llegó quince minutos tarde. Ante la sorpresa de todos -su reloj
corría- pidió un juego y se alejó a analizar la posición que lo aguardaba. Al
cabo de media hora volvió y en 15 jugadas su posición “perdida” ya era tablas.
Capa
viajó por todo el mundo brindando conferencias y sesiones de juego simultáneo.
Allí donde llegaba era ovacionado por los aficionados. Su trato siempre gentil
le abría más puertas que su título y no hay foto donde no aparezca sonriente,
por lo general acompañado de varias damas. Su última esposa, Olga Chegodaeva,
fue la mujer más hermosa y deseada de su época.
Durante
su reinado solo perdió 6 partidas, lo cual es increíble. En los torneos de
entonces, vencía a sus compañeros como si estos fueran aprendices. Una vez, en
Rusia, el temible Stalin le observaba escondido. Al término de la partida,
ordenó que los presentaran y preguntó a Capa, ¿Qué le parece el torneo? A lo
cual nuestro amigo contestó: ¡Un desastre, todos Sus compatriotas pierden a
propósito con Botwinik, para favorecerle! –Botwinik fue otro campeón, ya lo
veremos-. Todos quedaron suspensos -Stalin no era hombre al que se le podía
contrariar-, sin embargo, sonriendo, contestó: Quédese tranquilo, no volverá a
suceder.
José
Raúl Capablanca nos dejó el orgullo de ser el primer campeón americano y el
único de habla hispana. Por inteligencia, estampa y modos, allí donde ponía un
pie alguien le admiraba, le quería y lo mimaba.
Acaso
celosa de tantos dones, la Muerte le llevó muy pronto. Capa sufría de presión
arterial y los médicos no supieron advertirlo aun cuando hubo frecuentes avisos
y jaquecas. Capa sufrió un derrame durante una competencia y falleció.
Los
argentinos nunca le olvidaremos. En Buenos Aires jugó torneos y simultáneas.
Aquí perdió su título frente a Alekine. Pero fue que aquí donde pasó los dos meses
que duró el match de jarana, del cabaret al hipódromo, de paseo en la voiture de
una bailarina del Maipo.
Así
que, Querido Capa, Rey latino ¿Quién te quita lo jugado?
viernes, 7 de febrero de 2014
Lasker, Einstein y la Mentira.
Lasker,
Einstein y la Mentira.
Matemáticos y Físicos como Dirac o Einstein han visto
universos que, cien años después, no entendemos. Narra la película Amadeus
que Mozart escribía de un tirón sus sinfonías perfectas y así compuso Astor
Piazzola su inigualable Adiós Nonino: “Cuando murió el
Nonino, Papá se encerró en la pieza, estuvo un rato en silencio y empezó a
tocar esa música que despide al abuelo”, cuenta su hijo.
Hasta donde sé, solo en las áreas creativas se llega a
niveles de inteligencia tan altos como los de un ajedrecista de elite: Vasili Smislov
fue excelso concertista de piano; Robert Fisher recordaba cada una de las
partidas que había jugado y, en lo actual, Garry Kasparov es uno de las diez inteligencias
del mundo.
Pareciera que, si los matemáticos crean los números y
sus combinaciones, si los físicos dan coherencia a las manifestaciones de la
energía y la materia, si los músicos iluminan con el ritmo la nada, los
ajedrecistas, con el número y el cálculo, materializan su energía en esos fraseos
de belleza y de pasión que llamamos “partidas”.
Emmanuel Lasker nació en una ciudad de Prusia; hablaba
el alemán y el hebreo ya que su padre fue rabino. Muy joven demostró maestría
con los números, por lo cual le enviaron junto a un hermano mayor, para que
estudiara. Durante una convalecencia debida al sarampión aprendió de éste nuestro
querido juego. En pleno siglo XIX, el ajedréz acechaba los círculos cultos
europeos. Pronto el niño estudioso frecuentó los cafés en busca de batalla y
dinero, tablero de por medio. A los 20 años logró el título de maestro en
segunda categoría y tan solo a los 26 llegó a sentarse frente al viejo león, el
primer campeón, Wilhelm Steinitz. El match fue vibrante pues se enfrentaron dos
estilos y dos mentes superlativas. Cuando Steinitz perdió la última de las
partidas, y con ella el título mundial, se alzó de la mesa y exclamó: ¡Tres
vivas por el nuevo campeón del mundo!
Emmanuel Lasker, como todo Único, instauró un modo de
jugar. Durante 20 años fue invencible y su secreto (su evidente secreto, pues su
estilo fue definido como Una copa de
agua con una gota de veneno) fue la observación de la psicología rival.
Lasker jugó muchas líneas inferiores, reputadas como malas, incluso, cuando creyó que con ellas podía incomodar a su oponente. Así, muchas veces caminó por una
cornisa, pero su maestría le permitió siempre salir airoso y alzarse con los
triunfos.
Retuvo su corona durante más años que ningún otro
campeón; no solo en el ajedréz. Lasker, por haber visto a Steinitz morir en la
pobreza, jamás descuidó sus estudios. Llegó a ser un gran matemático, un
consumado filósofo y un escritor numeroso. Sus libros de ajedréz son valorados
incluso ahora y los escritos filosóficos y matemáticos fueron ensalzados por
hombres como Albert Einstein. El entonces creador de la Relatividad admiraba al
campeón y no perdía oportunidad de salir a caminar con él, momentos en los
cuales discutían infinidad de temas, humanos y extrahumanos, como la que fuera
su renombrada teoría.
Emmanuel sostenía que en ajedréz siempre se
desenmascara al hipócrita y al mentiroso, pues cada falsedad propuesta podía
ser descubierta sobre el tablero y pronto llegaba el castigo como escarmiento:
¡el jaque mate!
Pequeño gran hombre
Pequeño gran hombre
Cuando un jugador se inclina sobre el tablero, su
mente analiza decenas de jugadas y valoraciones de posición. Un gran maestro
puede analizar centenares de posiciones sin esfuerzo, pero su capacidad y
experiencia le llevan por los caminos más sólidos, como si su percepción fuera
una escoba que limpiara el sendero de hojarasca, sin necesidad de comprobarlo
todo. Las posiciones analizadas acaso no existan nunca en la realidad, solo
habrán nacido un instante en su conciencia para advertirle, ¡no! por aquí no pases,
esto acaba en un abismo.
El verdadero campeón busca no solo en lo profundo de
su mente el orden exacto mediante el cual vencer al rival, sino que hurga
dentro del alma de su oponente para martirizarle con cada movimiento. Sabido es
que una persona incómoda es propensa a cometer errores. Y he aquí un detalle:
no todos sufrimos incomodidad por lo mismo. Hay luchadores que se sienten
inseguros ante lo riesgoso, pero los hay que sufren ante el juego llano, sin
ambages. Ya lo veremos.
En la historia del ajedrez hubo muchos grandes, cada
uno con su particularidad intelectual. El primer Campeón del Mundo fue Wilhelm
Steinitz.
Nacido en Praga, en 1836, estaba destinado a ser
rabino pero mostró muy pronto sus capacidades para el cálculo… ¡matemático! Por
ello fue enviado a Viena para que asistiera a la escuela de altos estudios.
Mas, ay, Viena, en esos años, era la meca del ajedrez.
Wilhelm, muy pronto abandonó todo formalismo para vivir dentro de los cafés,
jugando ajedrez al más rico estilo de la época. Las partidas se disputaban a
toda hora y nuestro pequeño genio se ganaba la vida apostando por cada juego.
En esos años de oro, el estilo mandaba ataques sin respiro, sacrificios y
lances de ocasión que aún se enseñan como arte refinado del intelecto y la
inventiva.
Steinitz seducía a todos con sus combinaciones de
juventud y en torneos batió a los más grandes. Poco a poco fue creando un
estilo propio. Todo campeón lo hace, y revoluciona el saber anterior. Por
curioso que parezca, este nuevo estilo cuajó en la antítesis de su festejado
inicio. Wilhelm fue el creador de una escuela de pensamiento que rehúsa el
sacrificio y el ataque prematuro en pos de la lenta acumulación de ventajas que
incline la balanza hacia un final de partida superior. Algo inimaginable en la
época romántica, en la que todo eran juegos de artificio.
Les dejo una anécdota de este hombre que llegó a lo
más alto del mundo, siendo hoy estudiado por quienes aman el ajedrez y desean
superarse:
Jugaba Steinitz con un rico banquero llamado Epstein. Surgió
una disputa e intercambiaron palabras en mal tono. El banquero, le dijo:
¡Cuidado, jovencito, no sabe usted con quién está hablando! Steinitz contestó:
Claro que lo sé, usted es Epstein, pero en la bolsa; aquí ¡Epstein soy yo!
Esta maravillosa respuesta está catalogada como índice
de la personalidad de nuestro héroe, a la cual se le atribuyen delirios de
grandeza. Opino que la anécdota muestra el carácter avasallante del banquero;
Steinitz puso en su lugar al tipo, declarando lo que él era: ¡un verdadero
campeón!
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